Mamá Gaia

En la llamada “Hipótesis Gaia”, o teoría de la Homeostasis, James Lovelock, el científico que la planteó, se afirma que las múltiples formas de vida del planeta, además de influir en su medio ambiente cercano para mantener las condiciones más favorables para su existencia, actúan en su totalidad conjuntamente para regular y controlar la totalidad del medio ambiente planetario. En ella, se argumento cómo la temperatura, el estado de oxidación general, la acidez y otros aspectos de las rocas y las aguas se mantienen en unos límites más o menos constantes, en cualquier época, debidos a múltiples interacciones “automáticas e inconscientes” por el biota.

Que nadie se engañe, Gaia, como tal, no es un sinónimo de biosfera, la parte de la tierra en que normalmente se encuentran los seres vivos; tampoco es lo mismo que biota, que es el conjunto de seres vivos como tales. Gaia es la unión de ambas cosas, tomadas conjuntamente, y es un continuo que se inicia en los orígenes de la vida, hace unos 4.100 millones de años, y que seguirá en el futuro mientras exista vida sobre ella. Todo el sistema está sujetado por la energía proveniente del Sol, y su evolución únicamente es constante a corto plazo y evoluciona con los cambios que requiere el biota a largo plazo.

Una hipótesis controvertida, y difícilmente demostrable, hay que reconocerlo, y que contó con la inestimable ayuda de una científica, una más, que no recibió el mérito de sus aportaciones: Lynn Margulis, una de las grandes mentes de la biología y su evolución. Como curiosidad, trabajó durante mucho tiempo en el delta del Ebro, haciendo estudios de microbiología evolutiva, por lo que conoce perfectamente nuestro país, además de ser la mujer de Carl Sagan (aquí habrá mucha gente que ya sepa quién fue él). El aporte decisivo de la doctora Margulys a la hipótesis Gaia fue su teoría sobre la simbiogénesis, pues Lovelock se encontraba con el gran problema del surgimiento de las células eucariotas, con núcleo. Lynn, en Microcosmos, el libro donde desarrolla sus planteamientos, explicó que estas células “modernas” no surgieron de la nada sino que son el resultado de la simbiosis, de la unión, entre las bacterias y arqueas existentes previamente.

Otro aspecto de la vida que ha sido finalmente desvelado: comparando un millón de genes de 55 especies eucariotas y de seis millones de microbios, en un reciente estudio del Instituto de Evolución Molecular de Dusseldorf, han encontrado que la gran mayoría de los genes de las bacterias y arqueas son reconocibles en el genoma de especies “avanzadas”, y son producto de los sucesos simbióticos preconizados por la doctora Margulis. Es una lástima que los premios Nobel únicamente reconozcan a científicos vivos, porque este año ya habría una clarísima ganadora… ¡gracias, Lynn!

http://salamancartvaldia.es/not/151773/mama-gaia/

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